sábado, 27 de noviembre de 2010

La hora del café

No para de hablar. Que se tome el café en silencio y me deje pensar cómo, cuándo y si debería contarle lo que el jefe me ha confesado hace unos días. Si se lo cuento me puedo meter en un lío, pero el no hacerlo sería como meterme en líos con mi conciencia. De momento será mejor que volvamos a la oficina, si tengo suerte habrá pocas llamadas y podré seguir pensando qué hacer.

1 comentarios:

Josiane dijo...

¡Que difícil es debatirse entre el deber y la ética!

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